Archive for junio, 2005

Olleros de Pisuerga en 1845

junio 26, 2005 by Cesar Tardaguila Cagigas, under El pueblo, Noticias.

              Olleros de Rio Pisuerga: l. antes con ayunt. hoy agregado al de Lomilla en la prov. y dióc. de Palencia (15 leguas), part. Jud. de Cervera de Rio Pisuerga, aud. Terr. y c. g. de Valladolid: SIT. á la márg. der. del r. Pisuerga y dominado de cuestas por el N. y S.; su CLIMA es frío, combatido por los vientos del N. y propenso á dolores de costado y constipados. Forman la población 28 CASAS de pocas comodidades, distribuidas en dos calles sin empedrar; la escuela de thumb-ayer_021.jpgprimeras letras concurridas por 12 niños, solo está abierta los meses de invierno; la dotación del maestro consiste en una libra de pan por semana cada discípulo y 4 rs. al mes; para el surtido de aguas se abastecen del r. Pisuerga; la ig. Parr. bajo la advocación de San Justo y Pastor, edificada bajo un peñasco, el cual le sirve de tejado, está servida por un cura de entrada y de provisión del diocesano; próximo á  esta se halla el campo santo, y en el centro del pueblo la ermita de Sta. María. Confina el TÉRM. con N. con Valoria; E. Mave; S. La Puebla de San Vicente, y O. Villaescusa de las Torres: en él se dice que existió una ciudad denominada Oliba y hoy se llama aquel desp. Cilda y otro en San Cibrián; su TERRENO, casi todo de secano, thumb-ayer_028.jpges medianamente productivo, cruzándole en gran parte el r. ya mencionado, y abunda en yerba de buena calidad; al O. de la pob. hay un monte de roble del que se surten de leña. Los CAMINOS son locales, y la carretera que de Palencia conduce á Santander, pasa por el térm., en el que hay una venta propia del pueblo de Lomilla: la CORRESPONDENCIA se recibe de Aguilar de Campó, á cuyo punto envian por ella los interesados. PROD: trigo, cebada, centeno, legumbres de todas las especies, y algun lino; se cria ganado vacuno, lanar y caballar; caza de liebres, perdices, codornices y patos, y pesca de truchas, barbos, anguilas, bogas, cachos y peces. IND.: la agrícola, ganadería y algunos pescadores. COMERCIO: la thumb-ayer_027.jpgventa de los productos sobrantes de los mencionados ramos. POBLA.: 15 vecinos, 78 almas (según datos oficiales) y según noticias fidelignas 26 de los primeros y 96 de los segundos. CAP. PROD.: 17,447 rs. IMP.: 578. El PRESUPUESTO MUNICIPAL lo paga en unión con los pueblos que forman su ayunt.

  ( Tomado de: Madoz, Pascual.  Diccionario-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar.  Madrid 1845-1850)

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Los orígenes: Cildá

junio 18, 2005 by Cesar Tardaguila Cagigas, under Cildá, El pueblo.

   
-              Dentro del término municipal, al noreste de la población y franqueado por el río Pisuerga se encuentra este conocido yacimiento arqueológico, en uno de los parajes más bellos y grandiosos de la Montaña Palentina, en la curva que el río forma en el desfiladero de La Horadada antes de iniciar su entrada en la vega de Mave.

thumb-Cild.jpg             Es Cildá un alto e inexpugnable baluarte natural de paredes cortadas en vertical en el lado sur y en la vertiente del río, y más suave en los lados oeste y norte, precisamente donde se levantó la muralla defensiva, de la que restan buenos vestigios. Con una altura aproximada de 976 metros y una extensión de algo más de 1 km., es una buena muestra de castro defensivo. Mirando al Norte destacan las montañas del norte palentino y las primeras estribaciones de los Picos de Europa, con cumbres como el Valdecebollas, Curavas, Espigüete; al este limitado por el Cañón de la Horadada, se levantan Las Tuerces; al Oeste, lomas y bosques y al Sur, la llanura de Olleros y Mave, surcadas por el Pisuerga.

             Poblado desde la Prehistoria, con presencia en las cuevas de La Horadada, esta comarca encierra un pasado histórico importante. Muy cerca, thumb-Muralla.jpgen Villarén el castro de Monte Bernorio, y también cerca Peña Amaya que nos hablan, junto con Cildá de la resistencia cántabra frente al romano invasor. Tampoco debemos olvidar los testimonios de la romanización como los hallazgos en la vega de Mave y las próximas ciudades romanas de Pisoraca (Herrera de Pisuerga) e Iuliobriga (Retortillo).

             Existente desde el siglo II a.C. como hábitat cántabro, Cildá fue destruido por la invasión romana durante las guerras cántabras del año 26 a.C., seguramente por una columna, presidida por Augusto,  que partiendo de Segisamo siguió por Vellica, consiguiendo así dominar los principales reductos cántabros  orientales, como Amaya, Monte Cildá y Monte Bernorio, si bien continuó su habitación en los siglos I y II.

             Documentada en el año 12 d.C., está la calzada romana que iba desde Pisoraca, por Cildá, a Portus Blendius (Suances) y Portus Victoriae (Santander),  labor acometida por los soldados de la Legio IIII Macedónica, una vez concluido el Bellun Cantabricum de la que no existen vestigios.

thumb-Poblado.jpg            Al siglo siguiente, posiblemente ante las invasiones germánicas, debió construirse la primera muralla, reforzada en el siglo V, la cual resultaría insuficiente, pues ante la presión de los pueblos suevos, vándalos y alanos, se levantó otra más fuerte, construida de piedra de sillería, con torres rectangulares. 

            Hacia el año 574, Leovigildo conquistó Cantabria, y Cildá pasó a dominio visigodo y continuó habitada hasta el siglo XII, en que se abandonó. Parte de los sillares de su muralla sirvieron posteriormente para levantar el castillo de Aguilar de Campóo y de cantera para la construcción en los pueblos vecinos. 

           Numerosos autores como Schulten, García Guinea o Iglesias Gil, entre otros han ubicado en Monte Cildá la ciudad romana de Vellica y la sede episcopal de Vellegia, citada en la Crónica del Albeldense, escrita hacia el año 883. Vellica está citada en el Itinerario de Barro, situándola a cinco millas de Amaia. Igualmente una estela hallada en Cildá, dedicada en el año 238 d.C. A Valerio Quadrato Vellicum, confirma esta ubicación, aunque han aparecidothumb-Atalaya.jpg estelas que mencionan otras gentilidades, como Celtigun o Polecensium. Igualmente está mencionada por Ptolomeo (II,6,51) como Vellika, entre los populi cántabros. 

            A finales del siglo XIX, F. Fita coloca el castro o fortaleza de Oliba, en Monte Cildá, basándose en 66 estelas halladas entre las murallas, algunas de ellas fechadas por los cónsules en el siglo III d.C. Para Van Berchem, Cildá sobrevive como acrópolis. 

            También sitúan en Monte Cildá la ciudad visigoda y ceca de Olovasio, mencionada en monedas de Recaredo (586-601) y Witterico (603-610) y citada en varios documentos como civitatem que vocatur Oliva cum ecclesia Sancti Martín et cum ceteris ecclessis que ibi sunt. En dos de ellos, fechados en el año 1175 (Diploma de Alfonso VIII al Monasterio de San Pelayo de Avia) y 1183 (Donación al Monasterio de Santa María de Aguilar) respectivamente, hablan de una civitatis Olivae. En la confirmación, realizada en 1206, de las posesiones del Monasterio de Aguilar, dice civitatem Olive cum pertinenciis suis. Esta donación fue ratificada por Fernando III en el año 1231. Igualmente en la confirmación a dicho Monasterio, por Honorio III, se lthumb-Garita.jpgee …territorium qui dicitur Civitas Olive cum omnibus pertinentiis suis. Una estela romana, encontrada en Cildá, menciona Olecensium, como nombre de una gentilidad, el cual vendría de Oleca. Los vecinos de la zona mantienen la creencia de la existencia de Oliva, en el despoblado de Cildá, incluso el valle situado en su entorno era llamado, en otro tiempo, Val de Olea. 

            Realmente carecemos de datos suficientes para asegurar o negar las posibles ocupaciones de Cildá, faltan excavaciones que saquen a al luz el pasado. 

            Las primeras excavaciones arqueológicas se efectuaron en 1891 por Romualdo Moro, capataz del Marqués de Comillas, si bien se realizaron sin ningún interés científico, solamente en busca de antigüedades, centrándose en las murallas y realizando unas catas aisladas. Posteriormente se realizaron nuevas excavaciones durante la campaña 1963-65, patrocinadas por la Excma. Diputación de Palencia y dirigidas por M. A. García Guinea y que continuaron en el período de 1966-69, poniendo al descubierto la muralla y recogido material de sumo interés. Las últimas excavaciones han descubierto una de las puertas secundarias, franqueada por dos torreones. 

            Desgraciadamente la mayor parte del castro queda por explorar, ya que en su conjunto solamente se han efectuado algunas catas. La superficie se encuentra, en buena parte, aterrazada y es interesante el descubrimiento de un fondo de cabaña empedrado y de planta circular y cuyas paredes estuvieron hechas de tapial, formada por troncos, ramajes de avellano y barro endurecido, y la cubierta de paja. Otro de los problemas era el del abastecimiento de agua para las necesidades de la población. Hacia los años 50 del siglo pasado, cuando la superficie del castro se usaba para cultivos de lentejas y garbanzos, fue tapado, por parte de un vecino, la entrada a un aljibe, como medida de protección, pero que solventa la incógnita del abastecimiento en tiempos de asedio. 

           Aún así, la epigrafía encontrada en Monte Cildá es la más numerosa de los hallazgos en toda la zona, tanto estelas sepulcrales como aras e inscripciones honoríficas. La decoración de las estelas, es de rosetas, soles, svásticas y relieves de personas y animales. 

          De su pasado solamente queda hoy el basamento de parte de las murallas. Los más viejos del lugar recuerdan, hasta hace pocos años, incluso restos de arcos y el montón de lascas que en su día conformaron el edificio del cuerpo de guardia, situado junto la calzada que subía hasta la entrada de la ciudad y ubicado en la zona menos defendible por la orografía del terreno. El expolio es evidente. También uno de los fosos defensivos ha sido colmatado. 
Con todo, Cildá es una lección de Historia, bien es verdad que fragmentada, ya que las fuentes son muy posteriores o escasas. Un paseo por el Castro nos hace suponer la vida de la población, y las circunstancias para su habitabilidad, evidentemente defensivas. No es extraño que, cuando las circunstancias políticas lo permitieron, la población abandonara el recinto y se asentara en los valles vecinos, donde las condiciones de vida y aporte de recursos fueran más favorables. Olleros de Pisuerga acogería, y aquí las fuentes históricas son nulas, un importante efectivo de esa población. Los ríos siempre han sido el camino idóneo para la penetración en un territorio, pero también una defensa y frontera, por lo que citar que Olleros es una continuidad de asentamiento de la población de Cildá, más tarde Oliva, es una realidad.
 
 

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El poblamiento

junio 7, 2005 by Cesar Tardaguila Cagigas, under El pueblo.

La  primera mención que encontramos en las fuentes documentales aparece el año 1352 en el Becerro de las Behetrías de Castilla bajo la denominación de Olleros del Río Pisuerga bajo la rúbrica de Becerril del Carpio pagando la fonsadera regia como lugar de abadengo dependiente del cercano monasterio de San Andrés del Arroyo, donde la martiniega y yantar señoriales se satisfacían en numerario, mientras que la cebada de infurción anual, lo mismo que el trigo y centeno, por mediados, se imponían por solares, ya fuesen de yunteros o ya de boyeros, con la exención de la mitad para las viudas.

Es tradición que el nombre de Olleros lo toma de un alfar dedicado a la fabricación de ollas que estuvo ubicado en la laura que existe bajo la torre thumb-ayer_001.jpgcampanario, en la cual se aprecia en el techo una oquedad, hoy tapada, por donde se expulsaran los humos de la combustión. Dicho alfar debió ser muy antiguo e importante, como para dar nombre al Pueblo, ya que en los Censos históricos no aparece dicha profesión. Se puede apuntar su origen en el alfar que poseía un legionario romano de la Legio IIII Macedónica, con sede en la cercana Pisoraca (Herrera de Pisuerga), o más bien a la labor que en conjunto realizaron los habitantes de Olleros, así como los de otras poblaciones,  en la Alta Edad Media, cuando el comercio prácticamente desapareció, surgiendo así los Ferrara, Olleros, etc.

Tampoco tenemos datos de su fundación, pero todo hace indicar que Olleros es la continuidad de poblamiento de la antigua Ciudad de la Oliva, heredera thumb-ayer_006.jpgdel Castro Cántabro de Monte Cildá (en el término) y que fue habitada hasta el siglo XII, momento en que se despobló y sus habitantes bajaron al valle que reunía mejores condiciones de habitabilidad y sobre todo de producción de recursos, tanto agrícolas como ganaderos.

De su pasado existen pocos vestigios arquitectónicos. La torre-vigía, adaptada posteriormente en el siglo XII como campanario y tradicionalmente considerada de época romana, con un añadido del siglo XVII que le da su configuración actual.

En el casco del pueblo existen algunos edificios con unas pequeñas ventanas, varias geminadas, que nos hablan de su pasado medieval. No se thumb-ayer_014.jpgaprecia resto de ningún palacio o casa noble, como pudiera ser la que habitase el Hidalgo que se documenta en el Censo de 1591, por lo que todo hace pensar que su modo de vida no distaba mucho del que disfrutaban el resto de sus convecinos. En las eras subsisten pequeñas construcciones destinadas en su día para guardar las herramientas propias de la trilla y descanso del labrador durante las labores de la misma.

Las construcciones más antiguas todos son de piedra y adobe, usando como argamasa el barro o bien un mortero de cal, estando adaptadas a las necesidades productivas de sus habitantes. Extensas cuadras y paneras, así como espacios para guardar la hierba y paja para el ganado, ya que todas disponen de un boquerón por la que se introducía la misma desde el exterior, siendo por el contrario los espacios destinados a vivienda mucho más reducidos.

El Madoz señala que a mediados del siglo XIX existían 28 casas distribuidas en dos calles, contando con un edificio para escuela y casa para el maestro, que subsiste actualmente. Mucho debió crecer la población en ese siglo, pues cuarenta años después se contaba con 45 edificios.

En el Barrio de Abajo existe una ermita denominada de Santa María y que ha thumb-ayer_010.jpgsido restaurada recientemente, deudora de una construcción gótica y donde, en los meses invernales, se celebran las ceremonias litúrgicas, si bien, los actos más importantes se realizan en la iglesia rupestre, parroquia de la localidad y que se describe en otro apartado.

Olleros contaba con una fragua, propiedad del Concejo y que era periódicamente arrendada con el fin de mantener y reparar las herramientas propias del labrador. Hoy la construcción se encuentra en semi-ruina y está ubicada al pié de la torre-campanario. Las necesidades de los habitantes debieron cambiar, ya que se desmanteló y se ubicó en su interior la primera clasificadora de grano que se instaló en la zona, y que subsiste en su interior.

También a finales del siglo XIX, y por los vecinos, se hizo la traída de agua, de un manantial del término del pueblo, construyéndose en la plaza una fuente con cuatro caños y su correspondiente abrevadero para el ganado y que aliviaba las necesidades de la población, ya que antes tenían que surtirse de los pozos o de las aguas del Río  Pisuerga.

Además de las producciones típicas de la agricultura, trigo, cebada y thumb-ayer_015.jpgcenteno, hay una mención a patadas a finales del siglo XIX.  La cabaña ganadera tuvo que ser importante a la vista de las Actas del Concejo en que se contrataba pastor. En el Censo de 1752 se contabilizan 93 animales. A esta cabaña ganadera habría que añadir una importante cantidad de ganado ovino ( que no aparece en los Censos)  y los correspondientes y habituales cerdos, conejos y aves de corral  De los palomares, otra fuente de aprovechamiento, existe hoy uno derruido junto a la plaza y otro más moderno en las proximidades de la población, si bien algunos vecinos situaban el palomar en una parte del desván de la casa. Hoy esa actividad económica ha desaparecido.

Hay constancia de una Venta, aneja al pueblo de Lomilla, de la que hoy no quedan vestigios. Igualmente existió una taberna en la Cueva de La Berraca, que debía dar buenos beneficios a juzgar por la elevada cantidad de su arriendo anual, que en 1862 ascendía a seiscientos cincuenta reales. Situada junto al Camino Real debió ser lugar de parada de los numerosos arrieros que con sus carros transportaban trigo y otras mercancías, desde Alar del Rey a los puertos de Santander, durante la época de auge del Canal de Castilla.

(Extractado del Capítulo IV de la Historia de Olleros de Pisuerga)

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Ordenanzas de Olleros de Pisuerga

junio 6, 2005 by Cesar Tardaguila Cagigas, under El pueblo.

Transcripción de la introducción a la Carta Magna de Olleros de Pisuerga, por la que los vecinos acuerdan regular la vida en común, firmada en 1627.

thumb-prueba001.jpgEn el nombre de Dios, todo Poderoso y de la Birgen Santísima su vendita madre. Amén. En como nos, el conzejo y veçinos del lugar de Olleros, a ocho días del mes de noviembre de mil y seyscientos y beynte y siete años, estando en su conzejo público a son de campana tañida según que lo tenemos de uso y costumbre de nos juntar para tratar en las cosas tocantes al serviçio de Dios nuestro señor y al vien y procomún de este dicho conzejo, y estando juntos e congregados en el especial y nonvradamente Alonso del Nozal, Regidor, y Gaspar del Nozal, procurador de dicho conzejo, y Juan González, Juan de Revolledo, Juan de la Hera, Pedro del Nozal, Juan de la Higlesia, Martín de Pozancos, Juan del Nozal el mozo, Juan del Nozal el viejo, Ambrosio del Nozal, Bartolomé de la Hera, Mateo del Nozal, Juan de Bedoya, Francisco Muñoz, todos veçinos del dho. lugar, para ellos mesmos y en nombre de los demás veçinos y guérfanos y biudas, del dicho lugar, por los quales oyeron que açían cauçión de Rato jubicato solvendo que estarán y pasarán por lo que hiçieren y fuere fecho, tratado y conzertado como todos juntos a una voz, unánimes y conformes, dijeron que ellos querían acer  sus ordenanzas con sus Capítulos en ellas puestos para que de ello se use como conviene a la buena República, y veçinos del dicho lugar e testigos que estuvieron presentes en el dicho conzejo lo quieren y consienten y tienen por bueno.

      
thumb-prueba003.jpgEl presente libro de las Ordenanzas del lugar de Holleros se encuentran depositadas en el Archivo Municipal de Aguilar de Campóo. Consta de hojas dobles sin paginar y cosidas con cuerda, llevando la hoja de portada y final, parte de un documento anterior, escrito en latín y aprovechado a modo de encuadernación

El original está bastante deteriorado y unas partes ilegibles, apreciándose la falta de alguna hoja, difícil de precisar su cuantía, ya que como ha quedado indicado no está paginado. Forma un corpus legislativo tendente a regular los problemas que plantea el día a día de la población y las relaciones entre los vecinos.
       
En el ya referido libro de Ordenanzas se aprecia que ha sido escrito por tres escribanos diferentes, todos con escritura clara pero cada uno con su ortografía propia, ya que para alguno el sonido suave ce, es plasmado con z, mientras que para otro se usa la ç,  no haciendo distinción entre b/v, al repetir la misma palabra, así como el uso de x en lugar de j, en uno de los escribanos.
       
También se aprecia una carencia de planificación en cuanto a plasmar los diferentes capítulos de que consta la Ordenanza, ya que un mismo tema tratado en uno de ellos, se matiza y amplía capítulos después. Sirva de ejemplo la rúbrica guardar secreto de las liberaciones del Concejo, que se trata en capítulo 21 (numerados para este estudio) y se vuelve a tratar, ampliándolo, en los capítulos 34 y 40, lo que da la impresión que, contando con unas ideas iniciales, se fue escribiendo en etapas sucesivas y que en la lectura de la misma se apreciaron carencias, subsanadas en nuevos capítulos.
       
Contenido:
       
Los Capítulos 1, 2, 3, 20 y 39 (6,34%) tratan de los cargos del Concejo, mientras que los número 19, 38 y 43, relacionados con los anteriores, ordenan sobre los Pesquisadores y apreciadores de los daños que se produzcan en los bienes comunales, dando un porcentaje del 11,11%.
       
Siete son los Capítulos que tratan sobre la condición de vecino y vecindad. (11,11%) y que siguen un orden cronológico, 4, 5, 6, 7, 9, 10 y 11, y dos, los números 6 y 30, tratan de la convivencia entre los vecinos (3,17%),  mientras que la principal preocupación de los redactores de las Ordenanzas van encaminadas a regular todo lo referente al ganado (bueyes vacas, novillos, mulos, ovejas) sumando estos capítulos un total de 21 (33,33%).
       
Al aprovechamiento de las aulagas, brezos y zarzos, se dedican tres Capítulos de diferente numeración, mientras que los panes sólo se citan de manera indirecta, en el sentido de salvaguardarlos de los animales.
       
Dos Capítulos se dedican a los huertos y otros dos a las alcabalas, impuesto que debían pagar todos los vecinos. Dos Capítulos se dedican a las huebras y uno a las sernas del Concejo, así como tres al cuidado y plantío de árboles y sacar madera. (15,87%)
       
Los cotos y prados se reflejan en dos Capítulos, y con uno, los referidos a carretero, cameras, mielgas,  arriendos y hacer arroyos.
       
Las mujeres sólo son citadas en seis  Capítulos asociada al vecino, excepto el número 42 en que se las prohíbe lavar ropa en el puente, y el número 43, en que se libera a las viudas del pago de la alcabala (11,11%)
       
Las penas por contravenir los diferentes Capítulos son siempre en numerario, bien sean  reales o maravedís,  y el vino solamente se cita tres veces (capitulos 4, 5 y 41) en relación con la petición de vecindad, y en el Capíulo 43, como pena de los apreciadores y repartidores de la alcabala.(6,34%)
       
Es preocupación de los redactores de las Ordenanzas que éstas sean conocidas por los vecinos, ordenando en el Capítulo 56 que sean leídas en público Concejo, dos veces al año, y el número 57, ordena que sean leídas por la persona que pida vecindad para que guarde los mismos y no alegue ignorancia de ellos.
       
       
Población:
       
En el Capítulo introductorio se relacionan 15 vecinos presentes, lo que da una tasa aproximada de 68 habitantes, teniendo en cuenta que no se contaban las viudas y que posiblemente había algún vecino ausente, por lo que su cuantía se incrementaría. Los Censos históricos más próximos son el Vecindario de Felipe II, con 20 vecinos (aproximadamente 90 habitantes) y el Censo del Marques de la Ensenada, realizado en 1752, suma 33 vecinos, aproximadamente 148 almas, por lo que se desprende que hubo una inflexión en la población en el período analizado.
       
En cuando a la endogamia, se observa que siete de los vecinos llevan por apellido Del Nozal (46.66% ) y dos De la Hera (12,33%), lo que posiblemente influiría en las decisiones del Concejo, ya que estos grupos familiares podían hacer presión en cuenta de sus intereses.
       
Si analizamos los patronímicos, siete vecinos lleven por nombre Juan (46,66%), y es curioso que, tanto en esa fecha, como en las Actas del Concejo analizadas (que comprenden desde 1828 a 1950) no existe ningún habitante que lleve alguno de los nombres de los Santos Patronos del pueblo, Justo y Pastor.

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